El Templo Romano: símbolo de poder de Córdoba

El Templo Romano de Córdoba se sitúa a los pies de la calle Claudio Marcelo. Entre las plazas de la Corredera y las Tendillas, forma parte de la oferta turística céntrica de la ciudad. Imponente por sus dimensiones y admirable escultura, la Junta de Andalucía lo reconoció como Bien de Interés Cultural en 2007.

Se descubrió este templo fortuitamente en 1950, en unas reformas de ampliación del Ayuntamiento. Según los estudios, fue en época del Emperador Claudio cuando se forjaron los cimientos de la edificación. Un total de seis columnas en el frente y diez alrededor constituían uno de los espacios más imperiosos de la ciudad.

Tambores de columnas y capiteles fueron delatores de la historia que aquel terreno había vivido. Todas las piezas se encontraban talladas en mármol y la disposición del terreno no beneficiaba la estabilidad de la estructura. Se hubiera desplazado por su propio peso si no fuese por los contrafuertes delanteros. Su forma de abanico aseguró un sólido apoyo. Este proceso de sujeción era nada frecuente en el Imperio. Se considera un atributo distintivo que incrementa el gran valor patrimonial, de ahí su reconocimiento.

Otro dato a destacar es la imagen que proyectaba el Templo Romano de Córdoba al exterior. Por su posición y dimensiones, se intuye que podía verse desde la propia Vía Augusta, convirtiéndose en símbolo de poder que advertía a todo el que se dirigía a la ciudad.

La epigrafía regenerada, a pesar de ser escasa, ha sido de gran importancia a la hora de revelar la ornamentación que poseía el templo. Es esa labor la que ha permitido la reconstrucción orientativa que podemos apreciar hoy en día. Texto: Marta María Cobos García