El Cristo de los Faroles: recóndito bañado de luz

El Cristo de los Faroles debe su nombre a los ocho faroles que se sostienen a su alrededor. Se trata de una escultura de piedra, obra del cantero Juan Navarro, postrada entre verjas forjadas en torno a 1920. Se sitúa en la Plaza de Capuchinos, la cual alberga a su vez la Iglesia de los Dolores, más conocida como la Iglesia de la Señora de Córdoba”.

En su emplazamiento se situaba un antiguo convento que cedió sus muros a la ciudad. Se encontraba entre dos calles bastante transitadas de la misma, facilitando, tras la cesión, su paso. Como huella de ello, podemos apreciar el empedrado original de su patio, bañando el suelo que sostiene al Cristo.

La incandescente luz de los faroles aporta un halo único a este rincón cordobés, siendo parada de obligado cumplimiento para los amantes de la fotografía al caer el atardecer.

Entre la tradición y la leyenda

cristo de los faroles

La devoción juega un papel fundamental en la historia del lugar, siendo gran protagonista durante la Semana Santa cordobesa. El Cristo de los Faroles está presente en multitud de coplas y canciones propias del folclore cordobés, siendo su atmósfera todo un referente. Un velo de misterio cubre este recoveco, debido a la arraigada leyenda que encierra su figura. La tradición habla de una silueta encapuchada, que cada noche entra en la Plaza de Capuchinos y se queda frente a la imagen.

Y es que son muchos los casos de cordobeses que acuden ante el Cristo de los Faroles en busca de esperanza para sus preocupaciones. Suelen encender la llama de una vela como muestra de agradecimiento a su ayuda.

Sin lugar a dudas, es uno de los lugares con más valor y simbología para la población cordobesa. Está cargado de sentimiento y emoción que embriaga su ambiente. Disfruta de esta maravilla de Córdoba. Texto: Marta María Cobos García