La Plaza de las Tendillas: corazón de Córdoba

La Plaza de las Tendillas está situada en pleno centro de Córdoba. Para conocer su historia, tenemos que remontar al año 1924. Tras la demolición de un gran hotel situado en su emplazamiento, quedó un claro entre algunos otros edificios. Poco a poco, pequeños establecimientos fueron disponiéndose alrededor del mismo, creado así una pequeña plaza.

Con el paso del tiempo, se instalaron grandes compañías del calibre de Telefónica y Unión y Fénix. De esta última aún se puede contemplar su icono representado como una estatua en lo más alto del inmueble que hace esquina con la Calle Cruz Conde. Destacan también en la Plaza de las Tendillas la casa de los Condes de Colomera y el Instituto Luis de Góngora.

Hoy en día es uno de los enclaves más transitados de la ciudad y un punto de encuentro para sus habitantes. Da paso a la zona más comercial de Córdoba, hallándose tiendas locales y grandes insignias. Su proximidad con el Templo Romano, la Plaza de la Corredera y la Judería invita al visitante a disfrutar de la vida cordobesa.

La enigmática figura del Gran Capitán

Pero si algo llama la atención en este enclave es, sin lugar a dudas, la figura del Gran Capitán. Símbolo de la Plaza de las Tendillas, representa al valeroso caballero a lomos de su caballo. Se encargó la obra en 1920 al talentoso artista cordobés Mateo Inurria.

Ronda una leyenda alrededor de esta escultura, puesto que la cabeza es de distinto color al resto. Se rumorea que, por algún motivo, perdió la misma y se reconstruyó con los materiales que se encontraron con rapidez para no tener al jinete sin cabeza presidiendo el lugar. Sin embargo, la realidad es bien distinta, ya que se debe a una técnica propia de la época. Pero es curioso como la historia se ha hecho popular entre los habitantes de la ciudad.

El duende cordobés habita hasta en el reloj que se alza sobre la Plaza de las Tendillas. Ees el único que cambia el sonido de la campanada por soleares. Córdoba es una ciudad donde cada detalle sorprende más que el anterior, cautivando cada rincón y dejando parte de su esencia impregnada en todo el que la visita. Texto: Marta María Cobos García