La Cuesta del Bailío: rincón único de Córdoba

cuesta dle bailío

La Cuesta del Bailío era el punto de unión entre la Medina (zona alta) y la Axerquía (zona baja) de Córdoba. El encanto y el peso de la historia aún se puede sentir en cada uno de sus 32 escalones.

Su decoración minuciosa de chinos da lugar a hermosas figuras que conforman esta maravilla arquitectónica. Sus blancas paredes arropadas de frondosas buganvilias regalan un perfecto juego de colores y luces para los amantes de la fotografía.

La Cuesta del Bailío es uno de los rincones más bellos de la ciudad. Está coronada por la conocida casa que da nombre al lugar. El rey Fernando III el Santo, figura clave en la Reconquista cristiana, entregó este palacio a los Fernández de Córdoba. Una ilustre familia cuyo miembro más destacado fue Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.

La palabra “bailío” correspondía al cargo que ostentaba dicha familia, y consistía en la impartición de la justicia real. Cierto es que, cuando construyeron la casa en el siglo XVI, este título sólo tenía un valor honorífico. La fachada del palacio fue realizada por Hernán Ruiz II. Uno de los arquitectos más reconocidos de la época que dirigió obras en la Mezquita-Catedral y el Palacio de Orive.

Rodeada de misterio y leyenda

Como muchos otros enclaves recónditos de la ciudad, la Cuesta del Bailío no escapa de las leyendas. La fuente que corona la escalinata y el amor dañino son sus principales protagonistas. Cuentan que una hermosa chica de familia humilde se enamoró de un joven pudiente de Córdoba. A pesar de la presión social, decidieron seguir adelante con su relación y acabaron teniendo un niño juntos.

Pero poco duró su felicidad. El muchacho rápido sucumbió ante las amenazas de sus progenitores. Abandonó a madre e hijo para casarse con una mujer de su misma condición. Por la mente de la desconsolada joven pasaron terribles pensamientos. Buscó una salida a su situación invocando al diablo y pactando con él su venganza. Una noche, se acercó con su niño en brazos a la casa del que la abandonó. Contempló desde la ventana una escena idílica entre éste y su nueva mujer.De repente, el hombre se levantó de su asiento, y ante la angustiada mirada de su esposa, se agarró el cuello dando la sensación de que se había atragantado con algún resto de comida.

Su cuerpo cayó inerte al suelo y perdió la vida pocos instantes después. Tras esta aterradora escena, la joven huyó con su hijo hacia la escalinata del Bailío. Al llegar a la fuente, sumergió al bebé bajo el agua ahogándolo hasta la muerte. El pacto con el diablo quedó sellado, entregándole lo que más quería a cambio de la vida del que fuera su pareja. Cuando volvió en sí, la mujer observó horrorizada la atrocidad que había cometido e intentó huir. Pero al bajar la cuesta, tropezó y se mató al momento.

Desde entonces, los vecinos cuentan que, las noches más oscuras, aún se ve el alma de esta mujer vagar por la Cuesta del Bailío, y se oye sus desesperados lamentos. Texto: Fernando Cañete Buenestado