La Feria de la Salud: esencia de las fiestas de Córdoba

La Feria de la Salud es el broche final al mítico mayo cordobés. Se celebra al final del mes, inaugurándose la noche del viernes al sábado del penúltimo fin de semana. La apertura de dicha festividad congrega a toda la población y miles de visitantes en el recinto del Arenal. A las doce de la noche, la magnífica y única portada se ilumina, seguida de un maravilloso espectáculo de fuegos artificiales.

La Feria de la Salud es de acceso libre. Cerca de cien casetas esperan a todos los que quieren disfrutar y pasar un buen momento con familia o amigos. Conviven alegremente tabernas, barras, discotecas, escenarios y atracciones para todas las edades. Los farolillos y volantes de lunares bailan al son de la guitarra y de las sevillanas.

Los dos fines de semana y el miércoles (día de los niños y estudiantes) reciben la mayor afluencia. Es costumbre ir de flamenca para las mujeres, mientras que los hombres visten el traje cordobés. Tampoco podemos referirnos a la Feria de la Salud sin mencionar sus legendarios rebujitos. Una refrescante mezcla de vino manzanilla con casera cítrica. Durante el festejo, se celebran también numerosas demostraciones ecuestres y corridas de toro en el coso de Los Califas.

Sus orígenes

Hay que remontar a la Edad Media para conocer los orígenes de la festividad. Entonces se organizaban en Córdoba dos ferias de ganado al año. Poco a poco fueron convirtiéndose en una sola muestra.

Respecto a su nombre, Feria de la Salud, lo debemos al descubrimiento fortuito de dos labradores. En 1665, encontraron en un pozo, cerca de la actual Puerta de Sevilla, una pequeña figura de la Virgen. Decían que sus aguas devolvían la salud a todo aquel que las bebía. Se erigió entonces un ermita en el mismo lugar que se convirtió en feria.

La Feria de la Salud ha gozado en el último siglo del apoyo artístico de grandes figuras cordobesas. A finales del siglo XIX, la Alcaldía estableció un concurso de creación de carteles. Participaron reconocidos pintores de la talla de Rafael Romero de Torres o Julio Romero de TorresTexto: Julia Hachebe